Chihuahua, Chih.- Hola, un cordial saludo para HBMNoticias.com y todos sus lectores. Soy Aixa del Valle García Escobar, venezolana de origen, quien emigró a México hace 10 años, en 2015, huyendo de la dictadura chavista. Este es mi testimonio personal de lo que me tocó vivir.
Obviamente, cada venezolano tiene su propia historia. Yo nací en un barrio muy pobre de Caracas, Propátrica, Salta II, en 1980. En 1989, viví en carne propia una intentona de golpe de Estado encabezada por Hugo Chávez Frías, junto con Francisco Arias Cárdenas y otros militares, con el objetivo de derrocar al presidente democrático Carlos Andrés Pérez.
En ese momento yo tenía nueve años. A tan corta edad conocí el temor y el miedo, al ver tanquetas militares, muertos y heridos. Nadie entendía lo que ocurría hasta que Hugo Chávez apareció en televisión diciendo que “por ahora” había fracasado el golpe. Fue encarcelado, pero años después fue indultado por Rafael Caldera.
Tras su liberación, Fidel Castro y Lula da Silva vieron en Chávez al caudillo ideal para el Foro de São Paulo. Venezuela siempre fue un país estratégico por su petróleo, y Chávez abrió las puertas a Cuba como nunca antes había ocurrido, permitiendo incluso influencia en las Fuerzas Armadas.
Chávez se presentó como defensor del pueblo y de los pobres, usando carisma y manipulación emocional. En 1998 ganó la presidencia democráticamente, y desde 1999 comenzó el desmantelamiento institucional: cambió la Constitución, controló los poderes y generó fanatismo político, dividiendo familias y sociedades.
Muchos advertimos que era una doctrina de muerte, similar a la cubana, pero nadie quiso escuchar. Con una alta renta petrolera, Chávez impulsó las llamadas misiones sociales, como Misión Barrio Adentro, donde supuestos médicos cubanos adoctrinaban políticamente más de lo que atendían la salud.
Con los años, la presión social creció y se impulsó un referéndum revocatorio, pero fue robado, pues el Consejo Nacional Electoral ya estaba controlado. En abril de 2002, Chávez fue sacado del poder, pero errores de la oposición, como la autoproclamación de Carmona Estanga, permitieron su regreso, fortaleciéndolo aún más.
Luego vino la lista Tascón, que sirvió para perseguir a quienes firmamos contra Chávez. Jóvenes y adultos fuimos reprimidos, con bombas lacrimógenas, perdigones, muertos, torturados y desaparecidos. Muchos perdieron la vida; otros quedaron marcados para siempre.
Tras la muerte de Chávez, llegó Nicolás Maduro, y con él la destrucción total del país. Desde 2013, Venezuela cayó en una crisis económica y social extrema. En 2015 decidí emigrar a México, incapaz de seguir viendo hambre, represión y miseria.
En México encontré una oportunidad para vivir, pero dejé a mi familia en Venezuela. Desde fuera fue desesperante ver la hambruna, personas comiendo de la basura, presos políticos y represión diaria. No éramos cobardes, luchamos, pero los militares se corrompieron, ligados al narcotráfico.
Por eso Maduro nunca cayó por vía interna. Su salida ocurrió por negociaciones y traiciones internas, impulsadas por pruebas de narcotráfico internacional. Estados Unidos intervino, y como venezolana, me siento aliviada, porque ese régimen jamás se habría ido solo.
Desde fuera es fácil juzgar, pero vivir sin comida, agua, luz, medicamentos o esperanza es otra cosa. Lo que más duele ahora, como mexicana por naturalización, es ver a simpatizantes de Morena defendiendo al régimen de Maduro, cuando las únicas víctimas hemos sido los venezolanos.
Hoy Venezuela sigue con presos políticos, torturados y miedo. Hay incertidumbre sobre la transición, el abastecimiento y el futuro inmediato. Los venezolanos dentro y fuera vivimos con angustia.
Por eso alzo mi voz también por México. El camino que hoy sigue Morena es muy similar al que llevó a Venezuela a la ruina. Lo digo con responsabilidad, gratitud y amor por este país que me acogió.
El éxodo de más de 10 millones de venezolanos, muchos cruzando la selva del Darién, enfrentando violaciones, asesinatos y secuestros, fue ignorado por el mundo. Nadie alzó la voz entonces. Hoy sí, por intereses económicos y geopolíticos.
Esto es doble moral. Agradezco este espacio para dar testimonio, porque soy una voz más de millones que han sufrido vejaciones, pérdidas humanas y torturas por culpa del régimen chavista.
Le pido a Dios que México y Chihuahua jamás vivan algo similar. Aprendamos de Venezuela para no repetir la historia.
Muchas gracias.










































































