Delicias, Chih.— La comunidad deportiva, social y cultural de Delicias despidió este martes a una de sus figuras más queridas y respetadas: Pascual Armendáriz Flores, conocido por todos como “Pascualito”, exboxeador, entrenador y fotógrafo, quien durante décadas se convirtió en memoria viva del deporte local.
Su fallecimiento, ocurrido el 18 de enero de 2026, a los 78 años, dejó un vacío profundo entre quienes crecieron bajo su guía, posaron frente a su lente o simplemente lo saludaban en los gimnasios y eventos deportivos de la ciudad.
Un deliciense forjado en el boxeo
Nacido el 9 de diciembre de 1947, Pascualito creció en una Delicias donde el boxeo era más que un espectáculo: era una escuela de carácter. Desde muy joven se integró a los gimnasios locales, donde encontró disciplina, identidad y sentido de pertenencia, valores que marcarían toda su vida.
Como boxeador amateur, se ganó el respeto por su estilo frontal y entrega absoluta. No fue una figura mediática ni buscó reflectores; su prestigio se construyó en el trabajo diario, la constancia y la camaradería propia del boxeo de barrio. Su nombre aparece incluso en registros fotográficos históricos, como el desfile del cincuentenario de Delicias en 1983, donde marchó junto a figuras emblemáticas del pugilismo local.
El formador de generaciones
Tras su etapa como peleador, Pascualito asumió un rol que lo definiría para siempre: el de entrenador. En los gimnasios de Delicias se convirtió en guía de decenas de jóvenes que encontraron en el deporte una oportunidad, una disciplina o un refugio.
Su método combinaba rigor, paciencia y humanidad. Para muchos, no solo enseñaba a lanzar un golpe o mantener la guardia, sino a enfrentar la vida con dignidad. Su legado como formador vive hoy en varias generaciones de boxeadores que lo recuerdan como maestro, consejero y amigo.
El fotógrafo que nunca dejó el ring
Con el paso del tiempo, Pascualito encontró una nueva forma de seguir cerca del deporte: la fotografía. Cámara en mano, se convirtió en cronista visual del boxeo deliciense y de la vida deportiva de la ciudad.
Sus imágenes capturaron peleas, entrenamientos, torneos y momentos cotidianos en los gimnasios. Su estilo era directo y honesto, enfocado en la emoción del instante, la tensión previa al combate y la alegría del triunfo.
Su archivo fotográfico, resguardado por familiares y amigos, es hoy un testimonio invaluable de la historia deportiva de Delicias desde los años setenta hasta la actualidad.
Un hombre de barrio, de calle y de gente
Quienes lo conocieron coinciden en que Pascualito era un hombre cercano y sencillo. Saludaba a todos, conversaba con cualquiera y siempre tenía una anécdota lista, ya fuera del ring o detrás de la cámara.
Su presencia en eventos deportivos era parte del paisaje. No necesitaba acreditación: su figura, su cámara al cuello y su sonrisa discreta eran ya un símbolo del deporte deliciense.
La despedida
Su velación se realizó en Mausoleos, Sala Plus, y la misa de cuerpo presente en el Templo del Santo Cristo de la Esperanza. Familiares, amigos, entrenadores y boxeadores acudieron a despedirlo, compartiendo fotografías e historias que confirmaron lo que todos sabían: Pascualito fue un hombre bueno, dedicado y profundamente querido.
Un legado que permanece
La vida de Pascual Armendáriz Flores deja una huella doble y duradera:
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En el deporte, como formador de generaciones y parte esencial del boxeo deliciense.
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En la fotografía, como cronista visual de una ciudad que encontró en su lente una memoria honesta y entrañable.
Pascualito se fue, pero su mirada permanece en cada imagen que capturó y en cada joven que entrenó.
Le sobreviven sus hijos Beto, Javier, Mayra, Vero y Lupita Armendáriz Barrientos, así como nietos.
Descanse en paz.

Su velación se realizó desde ayer y hoy en conocida agencia funeraria.
Por Redacción / HBMNoticias








































































